La exposición del New York Times sobre la fortuna de Trump: un imperio hecho de fraudes y evasión fiscal

“Detrás de cada gran fortuna, hay un gran crimen”, Honoré de Balzac

por Barry Grey
8 octubre 2018

En su edición impresa el miércoles, el New York Times dedicó ocho páginas completas a un informe investigativo de 14.000 palabras sobre las prácticas financieras que crearon la fortuna milmillonaria del repsidente Donald Trump.

El artículo resulta de una investigación de 18 meses que incluyó entrevistas con exempleados del padre de Trump, Fred C. Trump, un magnate de bienes raíces, y una revisión de unas 100.000 páginas de registros financieros. Presenta un caso detallado y factual de que Trump y sus hermanos se beneficiaron de un fraude fiscal por la considerable cantidad de al menos quinientos millones dólares.

Incluso considerando que las leyes de impuestos sobre las herencias están plagadas de lagunas, algunas, si no todas, de las evasiones usadas por los Trump de cientos de millones de dólares en impuestos probablemente fueron ilegales. Cualesquiera que sean las cuestiones legales, sin embargo, el retrato de criminalidad que emerge del informe del Times es uno que caracteriza no solo a la familia Trump, sino a toda la oligarquía corporativa-financiera.

El Times encontró que Fred y Mary Trump transfirieron más de $1 mil millones a sus hijos, pagando en total de impuestos federales de $52,2 millones, una tasa efectiva de aproximadamente 5 por ciento. La tasa para el impuesto de sucesión verdadero en ese tiempo era de 55 por ciento, significando que los Trump pagaron menos del 10 por ciento de los $550 millones que le debían al Gobierno.

Lograron este fraude fiscal masivo por medio de la creación de empresas fantasmas de las cuales Donald Trump y sus hermanos eran dueños, y la infravaloración de activos del imperio inmobiliario de Fred Trump, lo cual resultó en una reducción fuerte del impuesto de sucesión cuando transfirieron las propiedades a los hijos antes de la muerte de Fred Trump en 1999.

El Servicio de Impuestos Internos (IRS, sigla en inglés) repetidamente citó a Fred Trump durante los años 50 y 60 por no pagar todos los impuestos. En 1995, auditó su declaración fiscal de donaciones y concluyó que él había infravalorado los activos transferidos a sus hijos un 38 por ciento. Pero no hizo nada para dejar la práctica, ilustrando su función y la de todo el Gobierno de proteger a la aristocracia financiera estadounidense y facilitar sus crímenes.

En 1992, la familia Trump creó la compañía All County Building Supply and Maintenance. Su supuesto propósito era ser el agente de compras para los edificios de Fred Trump, comprando todo desde calderas y otro material hasta los artículos de limpieza.

En realidad, era una sociedad pantalla. Su dirección registrada era el hogar de John Walter, un sobrino favorecido de Fred Trump. Walter fue el dueño legal de All County, junto a Donald Trump y sus hermanas Maryanne y Elizabeth, y su hermano Robert. La compañía no organizaba la compra de material para los edificios de Fred Trump. En vez, era la intermediaria, sistemáticamente inflando los precios que la compañía cobró a Fred Trump sobre el costo verdadero de las compras, a veces por 20 por ciento, y a veces por 50 por ciento o más.

Por acuerdo con su padre, los jóvenes Trump usaron All County como medio para desviar dinero del imperio inmobiliario de Fred Trump para sí mismos sin tener que pagar impuestos de donaciones al Gobierno.

Luego, Fred Trump utilizó la caída artificial de las ganancias para solicitar y recibir permisos del Estado para aumentar la renta de los arrendatarios en sus propiedades con rentas reguladas. El Times indica que Robert Trump afirmó en una declaración, “Tanto más alto el margen de ganancias, más alta se puede cobrar la renta”.

El Times reportó el viernes que la ciudad de Nueva York colaboraría con el estado de Nueva York en investigar las acusaciones en su informe sobre las finanzas de los Trump. El periódico citó que el alcalde adjunto Dean Fuleihan dijo que, por disminuir la rentabilidad de sus edificios, podría ser que Fred Trump fraudulentamente reducía sus impuestos inmobiliarios pagados a la ciudad, los cuales están basados en parte en las ganancias reportadas por sus dueños.

En enero de 1994, aproximadamente dos años después de la fundación de All County, los Trump crearon una empresa nueva llamada Apartment Management Associates Inc. Esta era, según el Times, otra sociedad pantalla con una dirección del hogar de John Walter. Dos meses después de su fundación, la compañía, propiedad de Donald Trump, sus hermanos y primo Walter, empezó a recibir ingresos por gestionar los edificios de Fred Trump que anteriormente eran pagadas a la empresa del padre, Trump Management.

Como All County, Apartment Management Associates era un medio para transferir la riqueza de Fred Trump a sus hijos, sin pagar el impuesto de la herencia. El Times escribe: “Alrededor de 1998, muestran los registros, All County y Apartment Management generaron el equivalente de $2,2 millones al año en dólares actuales para cada uno de los jóvenes Trump. Lo que sea que hayan pagado en impuestos sobre la renta por ese dinero, fue considerablemente menos del 55 por ciento que Fred Trump habría debido si simplemente les dejaba a sus hijos $2,2 millones al año”.

Según el periódico, Donald Trump, el hijo favorito de Fred y uno de los más involucrados en sus negocios, participó activamente en estas y otras operaciones sospechosas.

El artículo del Times detalla cómo los Trump transfirieron activos desde el padre a los hijos durante los años 90, usando una táctica de evasión fiscal muy común con los superricos, una renta vitalicia retenida por el fiduciario, o GRAT por su sigla en inglés, cuyo propósito es subestimar los activos transferidos drásticamente y así pagar solo una fracción de los impuestos de donaciones debidos legalmente. De ese modo, los Trump evadieron impuestos de cientos de millones de dólares.

Los Trump afirmaron que el valor de las propiedades de su padre era de $41,4 millones. Durante la década siguiente, vendieron los edificios por más de 16 veces más.

“Al final”, escribieron los autores, “la transferencia del imperio les cuesta a Fred y Mary Trump $20,5 millones en impuestos de donaciones y a los hijos $21 millones en pagos de anualidad. Esto es cientos de millones de dólares menos de lo que habrían pagado según el valor de mercado del imperio, descubrió el Times”.

Gran parte del artículo detalla las sumas vastas de dinero que Fred Trump transfirió a Donald Trump, que el Times estima en $413 millones en dólares actuales. El periódico subraya el fraude de la afirmación de Donald Trump que es “multimillonario por negocios exitosos”, habiendo recibido solo un préstamo de $1 millón de su padre que luego convirtió en el imperio existente de miles de millones de dólares.

Esto es importante solo en la medida en que indica la inmensa función de la riqueza heredada en crear las fortunas de los miembros de la oligarquía financiera-corporativa. Sin embargo, el Times se concentra en la farsa de la narrativa de Trump para ganar puntos políticos y distraer de la cuestión más fundamental: la criminalidad de toda la élite dirigente financiero-corporativa, su saqueo de la sociedad, y la complicidad de todo el sistema político que controla.

El Times quiere presentar a Trump como si él fuera una aberración, por razones muy específicas de clase. El diario y el Partido Demócrata, con el cual está aliado, defienden al sistema capitalista y la oligarquía que lo dirige. De hecho, su propia exposición ofrece un vistazo a lo normal y cotidiano de la clase dominante y las instituciones oficiales del Gobierno –las cortes, las agencias reguladoras, el Congreso, y los Partidos Demócrata y Republicano—.

La corrupción y la criminalidad rampantes solo han crecido más durante las últimas décadas, en tándem con la contrarrevolución social que han llevado a cabo contra la clase obrera y que han presidido ambos partidos. Las décadas de desindustrialización y la destrucción de ciudades industriales han coincidido con el papel más y más dominante de la especulación financiera y la manipulación de la vida económica del país y, de hecho, del mundo.

Trump encarna las fuerzas sociales degradadas y mafiosas que han alcanzado los niveles más altos de la sociedad. Él es en sí el producto y la expresión del deterioro del capitalismo estadounidense y la democracia capitalista. No es ninguna aberración.

El mecanismo principal de la contrarrevolución social y la consolidación de la oligarquía financiera ha sido el sesgo sistemático del sistema fiscal a favor de los ricos y los superricos.

A mediados de 2009, la tasa promedia de impuestos federales sobre los ingresos del trabajo y ahorros era 18 por ciento, en comparación con la tasa de 4 por ciento para el impuesto de sucesión.

Los impuestos de sucesión y donaciones han bajado desde 2,6 por ciento de rentas federales en 1972 a menos de 1 por ciento hoy, incluso cuando la parte de la riqueza e ingresos monopolizada por los superricos ha aumentado dramáticamente. La promulgación de la “reforma” de impuestos de Trump en diciembre, la cual bajó drásticamente los impuestos sobre las empresas y la tasa impositiva para los ricos, aceleró vastamente este proceso.

La evasión fiscal sistemática de los superricos, facilitada por el Gobierno, no es puramente un fenómeno estadounidense. Un equipo de economistas encabezado por Gabriel Zucman documentó en un estudio en agosto que descubrió que el 0,01 por ciento de los hogares más ricos mundiales evaden aproximadamente 25 por ciento de sus impuestos solo por mantener sus activos en paraísos fiscales en el extranjero.

Con su exposición detallada de la fortuna de Trump, el Times ha confirmado, sin querer, lo que han insistido los socialistas. Continúa habiendo una oligarquía parasítica que es incompatible con los derechos sociales y democráticos más básicos de la gran mayoría de la población.

La saga sórdida de los Trump subraya la necesidad de que la clase obrera expropie la riqueza de la oligarquía y utilice sus billones para proveer trabajos bien pagados, escuelas y viviendas dignas, aire limpio, agua no contaminada, una jubilación segura y acceso a la cultura para toda la población. Es decir, la necesidad de unificar y movilizar a la clase obrera para llevar a cabo una revolución socialista para reestructurar la sociedad sobre la base de la igualdad social, la propiedad pública y el control democrático de las corporaciones y los bancos.

(Publicado originalmente en inglés el 6 de octubre de 2018)