Los indultos por crímenes de guerra: Trump cultiva su base fascistizante en el ejército

28 noviembre 2019

Las extraordinarias y repetidas intervenciones del presidente Donald Trump en el caso del marino SEAL de la Armada, Edward Gallagher, culminando con el despido el domingo del secretario de la Armada, Richard Spencer, han dejado aún más expuesta la profunda crisis en el corazón del Estado capitalista de EE. UU. y su masivo aparato militar.

Gallagher fue acusado por sus compañeros SEAL de crímenes de guerra y actos de violencia sadista tan atroz que destacaba en el baño de sangre librado contra la ciudad iraquí de Mosul, donde, según un estimado, fueron asesinadas hasta 40.000 personas. Fue acusado de matar a tiros a civiles, incluyendo una niña, con un rifle de francotirador, así como de acribillar a muerte a un combatiente iraquí adolescente y herido, incluso mientras un médico SEAL lo atendía. Luego envió por mensaje una foto posando junto al cuerpo, con el texto “Le di con mi cuchillo de caza”. No es coincidencia que el apodo de Gallagher entre los SEAL era “Blade” (Cuchilla).

En esta foto de archivo del 2 de julio de 2019, el titular de Operaciones Especiales de la Armada, Edward Gallagher deja un tribunal militar en la base naval de San Diego (AP Photo/Gregory Bull, File)

A pesar de esto o, mejor dicho, debido a estos crímenes, Gallagher fue aclamado por la ultraderecha, Fox News y el propio presidente. Trump primero ordenó que la Armada lo liberara de la prisión donde lo habían colocado antes de ser procesado por un tribunal militar por amenazar con matar a miembros de su unidad que rindieron testimonio en su contra. Después de ser hallado culpable por el cargo menor de posar junto al cuerpo de su víctima —gracias al testimonio del médico SEAL que ahora se enfrenta a cargos de rendir falso testimonio— Trump lo indultó y ordenó que la Armada retirara la pena mínima de bajarlo un rango y reducirle correspondientemente el salario.

Finalmente, en la acción que conllevó el despido del secretario de la Armada, Trump exigió que se cancelara un comité de revisión que se reúne rutinariamente para determinar si Gallagher debería ser expulsado de los SEAL. Con el presidente como su defensor y su equipo de abogados compuesto por asociados cercanos a la Organización Trump y al abogado personal del mandatario, Rudy Giuliani, Gallagher sintió la libertad de reprochar a sus superiores.

Tal manipulación y rebasamiento del sistema de justicia militar por parte de Trump ha recrudecido las tensiones entre la Casa Blanca y el mando del Pentágono, las cuales ya se habían aumentado por la abrupta y fallida orden de retirar parcialmente las tropas de Siria.

Gallagher es uno de los cuatro miembros del ejército estadounidense acusados de crímenes de guerra que Trump indultó en los últimos meses. Dos de ellos fueron acusados de ejecutar sumariamente a prisioneros desarmados e intentar encubrirlo quemando sus cuerpos y otro de ordenarles a soldados que mataran a tiros a afganos sabiendo que estaban desarmados.

En una rueda de prensa en la Casa Blanca el lunes, Trump elogió a Gallagher como “uno de nuestros máximos combatientes” e insistió en que “debo proteger a mis guerreros”. Añadió que estaba “defendiendo a nuestras fuerzas armadas”.

Luego comparó su comportamiento con el de su predecesor, Barack Obama, a quien acusó falsamente de emitir indultos para el sargento del Ejército, Bowe Berghdahl, quien abandonó su unidad en Afganistán y fue capturado por el Talibán como prisionero por cinco años, y Chelsea Manning, la valienta soldado del Ejército que filtró exposiciones históricas de crímenes de guerra estadounidenses publicadas por WikiLeaks en 2010.

Trump emprendió contra Berghdahl durante su campaña a la Presidencia, sugiriendo que debió haber sido ejecutado, y denunció a Manning como una “traidora”. Berghdahl fue sentenciado en un tribunal militar a una pérdida de rango y expulsión deshonrosa. La sentencia de Manning fue conmutada por Obama en su último día en el poder, después de servir 7 años de su pena de 35 años. Desde mayo, ha estado nuevamente en prisión por rehusarse a rendir testimonio ante un gran jurado contra Julian Assange de WikiLeaks.

Los tributos de Trump a criminales de guerra sentenciados y sus ataques a dos exsoldados que se oponían a las guerras criminales de Washington —una oposición ampliamente compartida por los casi tres millones de veteranos de Afganistán e Irak— tienen una lógica política inconfundible.

En cuanto a Gallagher y los otros criminales de guerra indultados, Trump está alimentando una narrativa de que los “guerreros” se han visto limitados por la élite política “políticamente correcta” y por un mando del Pentágono sin la suficiente sed de sangre.

Es una variación del mito de traición propagado por la derecha en Alemania tras la Primera Guerra Mundial, atribuyendo su derrota a civiles, particularmente a los socialistas y judíos, por traicionar al ejército. Este mito fue el pilar ideológico central de los llamados Freikorps, las milicias armadas de exsoldados desplegadas contra la clase obrera alemana, matando a miles para aplastar revoluciones. También fue un componente esencial de la ideología nazi.

Trump presuntamente les dijo a sus asesores más cercanos que quiere que los criminales de guerra que ha indultado se unan a su campaña electoral de 2020 y protagonicen la convención republicana. Claramente, el objetivo de estos indultos no es solo promover crímenes de guerra en el exterior, sino desarrollar fuerzas ultraderechistas contra la clase obrera en casa. Está promoviendo la creación de un Freikorps, estilo americano.

La tímida oposición a las acciones de Trump reflejada en las declaraciones de los demócratas y en endebles editoriales del New York Times y Washington Post no tienen ninguna relación con combatir la reciente amenaza a los derechos democráticos básicos. Por el contrario, busca defender la autoridad de los altos mandos militares y promover la pretensión de que lo que está en juego es que el ejército estadounidense pueda seguir operando o no de acuerdo con las “leyes de la guerra” acatando “el máximo estándar”.

¡Qué tonterías! Por casi 30 años, desde la disolución estalinista de la Unión Soviética, el ejército estadounidense se ha involucrado en guerras de agresión, el principal crimen por el cual fueron enjuiciados los líderes supervivientes del Tercer Reich de Hitler en Nuremberg. Las víctimas de estas guerras superan el millón, mientras que Oriente Próximo ha quedado devastado. Los crímenes de guerra que Trump ha indultado son el producto inevitable de los crímenes de guerra mucho más amplios perpetrados por cada administración, tanto demócrata como republicana, en las últimas tres décadas.

La oposición del Partido Demócrata a Trump tiene un carácter completamente táctico, vinculado, como lo han demostrado las audiencias del juicio político en el Congreso, con la marcha de secciones del aparato de inteligencia estadounidense y el Departamento de Estado para escalar la confrontación militar con Rusia que podría acabar en una guerra nuclear. Dentro de esta reaccionaria operación política, el ataque a los derechos democráticos, la destrucción de programas sociales y los ataques viciosos contra los inmigrantes ni siquiera se abordan.

Los dos principales partidos defienden el sistema capitalista estadounidense, dentro del cual la masiva concentración de la riqueza en manos del uno por ciento más pudiente y los niveles de desigualdad social sin precedentes son completamente incompatibles con las formas tradicionales democráticas de gobierno.

El peligro de la reacción fascista y el ejército no son meramente el producto de la mente criminal de Donald Trump. Se derivan de la respuesta aterrada de la élite gobernante estadounidense al estallido de la lucha de clases en EE. UU. y los levantamientos masivos de la clase obrera internacionalmente.

La clase obrera, contra la cual se dirigen estas amenazas, es la única fuerza social capaz de conducir una lucha en contra de ellas, uniendo sus luchas por encima de toda frontera nacional en contra del origen de estos peligros, el sistema capitalista.

(Publicado originalmente en inglés el 27 de noviembre de 2019)

Bill Van Auken