La huelga general india y la lucha global contra el comunalismo y la guerra

13 enero 2020

Decenas de millones trabajadores, jóvenes y jornaleros rurales participaron en la jornada de huelga general a nivel nacional el miércoles. Lo hicieron para manifestar su enojo y oposición hacia el Gobierno del Partido Bharatiya Janata (BJP, siglas en inglés) encabezado por Narendra Modi, sus políticas proinversor y promercado —austeridad, privatizaciones, la promoción de empleos casuales “de contrato y despido”, y masivos recortes fiscales para las corporaciones— y su incansable promoción de la reacción comunal hindú.

Amplios sectores de la clase obrera participaron en el paro. Esto incluyó obreros de las industrias globalmente conectadas de India en el sector automotriz, minas de cobre y plantaciones de yute, así como transportistas de buses, camiones, rickshas, trabajadores de bancos y servicios eléctricos, y la fuerza laboral con salarios extremadamente bajos y en gran parte mueres de maternales rurales estatales (Anganwadi Services).

Los trabajadores cantan durante huelga general en Ahmadabad, India, miércoles 8 de enero de 2020 [Crédito: AP Photo/Ajit Solanki]

La fuerza de la huelga, como se podría esperar de un país diverso de más de 1,3 mil millones de personas, varió de un estado y sector económico al otro. Pero, su impacto general fue masivo y demostró, si bien de forma incipiente, el inmenso poder social de la clase obrera.

Bajo condiciones en que el Gobierno de Modi y sus aliados supremacistas hindúes han avanzado una provocación comunal tras otra, azuzando el nacionalismo belicoso con amenazas de guerra contra Pakistán y atizando toda forma de reacción política, la huelga unió patentemente a los trabajadores más allá de las divisiones comunales, de casta y etnolingüísticas.

La huelga subrayó el hecho de que los trabajadores luchan como clase, socavando las “identidades” raciales, étnicas, de género y sexuales promovidas por la burguesía y otras capas privilegiadas de la clase media-alta.

Los huelguistas exigieron específicamente la eliminación de la Ley de Enmienda a la Ciudadanía (CAA) promulgada por el BJP discriminando a los musulmanes. También piden la anulación del plan del Gobierno de que todos los residentes “prueben” su ciudadanía, lo cual busca abiertamente intimidar y hostigar a la minoría musulmana de India.

Las protestas de masas contra la CAA han convulsionado India desde que fue aprobada por vía rápida en el Parlamento el mes pasado. Empujado atrás a la defensiva y frente a la desgracia de la imagen mediática de invencibilidad, el régimen de Modi ha respondido a la agitación anti-CAA con violencia letal. En gran parte de India, ha impuesto repetidamente vetos generales contra reuniones públicas de más de cuatro personas y suspensiones del servicio del internet.

El domingo pasado, en una acción claramente orquestada por el BJP y sus aliados en el RSS, matones enmascarados atacaron brutalmente a estudiantes de la Universidad Jawaharlal Nehru en Delhi, mientras la policía no intervino.

El estallido de la oposición de masas al Gobierno de BJP es parte de un surgimiento de luchas de la clase obrera contra la austeridad, la desigualdad social generalizada, la supresión de los derechos democráticos, el rearme y la guerra —es decir, contra las políticas perseguidas por las distintas élites capitalistas arraigadas nacionalmente y sus representantes políticos, independientemente del partido y por todo el mundo—.

El último año ha sido testigo de importantes huelgas, en algunas partes prolongadas y alcanzando el nivel de movimientos de protesta insurreccionales: desde Chile, Ecuador, Haití, Estados Unidos México, Reino Unido y Francia, hasta Argelia, Sudán, Irán, Líbano, Hong Kong y Sri Lanka.

Durante la última semana, millones tomaron las calles de Irak e Irán para protestar el asesinato del general de la Guardia Revolucionaria Iraní, Qasem Soleimani, a manos de Washington, y los planes del imperialismo estadounidense de librar una guerra total contra Irán y todo el pueblo de Oriente Próximo.

El jueves, millones de trabajadores hicieron huelga en Francia y marcharon en protestas de masas como parte de una huelga de transportistas de un mes para protestar los ataques generalizados a las pensiones y otros derechos sociales siendo preparados por el presidente Emmanuel Macron.

Es precisamente la contraofensiva global de la clase obrera lo que constituye la base objetiva para combatir al Gobierno de Modi, la burguesía india y la austeridad, reacción y guerras en todo el mundo.

La gran patronal india, encabezada por una cosecha nueva de más de 100 milmillonarios, impulsó la llegada de Modi al poder en 2014 y financió generosamente su reelección en mayo pasado. Lo hizo como una apuesta calculada de que el supremacista hindú BJP conformaría el Gobierno “fuerte” necesario para avanzar reformas socialmente incendiarias y proinversionistas y reafirmar agresivamente las ambiciones indias de ser una gran potencia en el escenario mundial.

Ante una situación económica que empeora rápido, el BJP ha acelerado dramáticamente sus ataques contra la clase obrera y su campaña para transformar a India en un rashtra o Estado hindú durante los primeros siete meses de su segundo término.

A principios de agosto, el Gobierno del BJP le quitó a Jammu y Cachemira, el único estado de mayoría musulmana en India, su semiautonomía especial. Modi luego lo transformó en dos territorios de la Unión, colocando así a la región bajo dominio permanente del Gobierno central. Desde entonces, el valle de Cachemira ha estado efectivamente en estado de sitio.

El objetivo de Modi es promover sistemáticamente el comunalismo para movilizar a la derecha hindú como tropa de choque contra la creciente oposición social, encarrilando las tensiones sociales detrás de la reacción y el militarismo y dividiendo a la clase obrera.

Pero, el BJP y la burguesía se han topado con sorpresa y consternación un desafío masivo. El enojo de la clase obrera hacia la austeridad y desempleo está confluyendo con la oposición a las medidas autoritarias y comunales del Gobierno.

Modi es la expresión india de un fenómeno global. En todos los países imperialistas y aquellos con aspiraciones a ser potencias grandes y regionales, los Gobiernos burgueses se están rearmando frenéticamente, girando hacia métodos autoritarios de gobierno y cultivando la reacción.

Esto no es solo cierto para la calaña del presidente estadounidense Donald Trump, Jair Bolsonaro de Brasil, el primer ministro israelí Netanyahu y el primer ministro británico Boris Johnson, sino también para el presidente francés Macron. El exministro del Partido Socialista ha buscado rehabilitar al colaborador nazi y expresidente del régimen de Vichy, el mariscal Pétain, normalizado los “poderes de emergencia” y autorizado la violencia estatal contra las protestas de los chalecos amarillos.

La única estrategia viable para oponerse a la austeridad, las guerras imperialistas y la reacción es la unificación sistemática de las luchas de la clase obrera más allá de las fronteras estatales y continentes y su movilización como una fuerza política independiente en lucha por el poder obrero y el socialismo.

Esto requiere una lucha tenaz contra los sindicatos procapitalistas, los partidos oficiales “de izquierda” y las organizaciones pseudoizquierdistas que buscan mantener a la clase obrera atrapada dentro del marco de la política capitalista y dividirla a lo largo de líneas nacionales, raciales, de género y otras identidades.

En India, esto significa una lucha contra los partidos parlamentarios estalinistas —el Partido Comunista de India (Marxista) o CPM, el Partido Comunista de India o CPI y su Frente de Izquierda— que han operado por décadas como parte integral de la élite política capitalista.

Los estalinistas encabezaron políticamente la huelga del miércoles, la cual fue convocada por sus sindicatos afiliados (el CITU y AITUC) y ocho otras centrales sindicales abiertamente procapitalistas. Esto incluyó la afiliada al Partido del Congreso, el partido histórico de la burguesía india y el partido que encabezó, hasta que Modi llegó al poder en 2014, las reformas neoliberales y el alineamiento estratégico de India con Washington.

Los estalinistas convocaron la huelga del 8 de enero con el objetivo de amarrar la creciente oposición de masas contra el BJP al Partido del Congreso, el conjunto de partidos derechistas y chauvinistas basados en castas y etnicidades, y las instituciones putrefactas de la “India democrática”.

Durante los últimos 30 años, afirmando que buscaban bloquear la llegada de la derecha hindú al poder, los estalinistas han suprimido sistemáticamente la lucha de clases, como lo simbolizó su apoyó a la serie de Gobiernos derechistas de 1989 al 2008 y su imposición de lo que ellos mismos llaman políticas “proinversionistas” en los estados donde ocupan cargos. De esta manera, fertilizaron el suelo político para que creciera el BJP, permitiendo que la derecha supremacista hindú aprovechara el descontento y frustración masivas hacia la pobreza endémica y el aumento de la desigualdad social.

Tanto en India como en el resto del mundo, la lucha puntera por la unidad internacional de la clase obrera es la lucha contra la guerra. Esto exige la construcción de un movimiento global encabezado por la clase obrera contra la guerra, el imperialismo y el sistema de Estado nación con divisiones comunales del sur de Asia, y el conflicto reaccionario indo-pakistaní al cual dio origen.

La transformación del resurgimiento de luchas obreras a nivel global en una lucha consciente por el socialismo es ante todo una cuestión de un programa, perspectiva y dirección revolucionarias. En India, y el resto del mundo, se deben construir partidos de masas de la clase obrera basados en el programa de la revolución socialista mundial que impulso la Revolución rusa de octubre de 1917 y la lucha subsecuente, encabezada por León Trotsky, contra la usurpación del poder obrero por parte de la burocracia estalinista, que al final reimpuso el capitalismo.

Hoy día, esa lucha y sus lecciones —primordialmente la necesidad de que la clase obrera se defina a sí misma como una fuerza revolucionaria internacional y se base en una estrategia mundial— están encarnadas en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de enero de 2019)

Keith Jones