Gobernadores de EE. UU. se apresuran a reabrir empresas mientras recuento del “exceso de muertes” comienza a revelar el costo real de la pandemia

por Bryan Dyne
24 abril 2020

A medida que los gobernadores de Georgia, Florida y otros estados se apresuraron a reabrir las empresas en Estados Unidos, en línea con la campaña de regreso al trabajo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, han aparecido nuevas cifras que comienzan a mostrar el costo humano real de la pandemia de COVID-19.

Nuevos informes en los medios The Economist, Financial Times y New York Times revelan que, cuando se cuentan todas las muertes durante la pandemia, la cifra real de muertes causadas por el coronavirus es al menos el doble de lo que se informó oficialmente.

Los tres medios de comunicación llegaron a esta conclusión al estudiar el número de “muertes en exceso” en varias regiones durante la pandemia. Es decir, en lugar de registrar a aquellos que murieron en un hospital y dieron positivo al COVID-19, rastrearon la brecha entre el número total de personas que murieron por cualquier causa en ciudades, regiones y países de todo el mundo y compararon esos datos con los promedios históricos para el mismo lugar y dicha época del año. Esto pinta una imagen más precisa del alcance sangriento de la enfermedad.

Un periódico local, Eco di Bergamo, publica varias páginas con de obituarios en su edición del 17 de marzo de 2020, Mediglia, Italia (AP Photo/Luca Bruno)

En Lombardía, Italia, un epicentro de la pandemia en Europa, se estima que el número de muertos conocidos solo representa el 48 por ciento del número total de gente que murió. Los datos del centro nacional de epidemiología de España revelan que sus muertos reportados debido al coronavirus son solo el 65 por ciento del exceso estimado de muertes. En Bélgica, que tiene el segundo mayor número de muertes per cápita en el mundo, solo se contó con precisión la mitad de las víctimas de la pandemia.

En Reino Unido, los recuentos oficiales probablemente solo incluyen el 42 por ciento de las muertes de COVID-19. En la ciudad de Nueva York, el epicentro de la pandemia en América del Norte, ese número es del 77 por ciento. Se encontraron deficiencias similares en los Países Bajos, Bélgica, Suecia, Austria y Turquía.

Estos datos también revelan hasta qué punto la pandemia está arrasando con el mundo en desarrollo. En Yakarta, Indonesia, por ejemplo, los que se dice que murieron a causa del coronavirus en marzo fueron solo el 5 por ciento del número de entierros en exceso en el país durante ese mes.

En total, es probable que haya al menos 121.842 muertes por la pandemia de coronavirus en esas ciudades y países, más del doble de lo que se ha informado oficialmente. Si se extrapola al resto del mundo, el número total de hombres, mujeres y niños que murieron por el coronavirus pasaría de poco menos de 185.000 a aproximadamente 370.000, un número que aumentará a medida que las autoridades de salud locales revisen retrospectivamente el alza en las tasas de mortalidad.

También hay nuevos resultados de autopsias que muestran que la primera muerte en los Estados Unidos fue en California el 6 de febrero, no el 29 de febrero en Washington, como se creía anteriormente. Esto fue solo 17 días después de que se confirmara el primer caso de coronavirus en los EE. UU. y la persona en cuestión no tenía un historial de viajes desde China o cualquier país con un brote conocido en ese momento. Esto sugiere que la transmisión comunitaria ya estaba en marcha en los Estados Unidos e internacionalmente incluso a mediados de enero.

A pesar de estas cifras sombrías, los Gobiernos, las corporaciones y los sindicatos en países como Australia (74 muertes), Brasil (2.906 muertes), Reino Unido (18.100 muertes), Alemania (5.350 muertes), India (681 muertes), España (21.717 muertes) y Estados Unidos (47.430 muertes) continúan presionando para “reabrir” sus respectivas economías, forzando a los trabajadores a no aislarse y regresar a lugares de trabajo abarrotados donde el virus puede transmitirse y propagarse fácilmente.

El Gobierno español ordenó a millones de trabajadores volver a trabajar la semana pasada, al tiempo que reconoció implícitamente el peligro de hacerlo al decirles a todos que desinfecten sus ropas, teléfonos y zapatos después de regresar del trabajo. Actualmente, Alemania está reabriendo gradualmente las escuelas y los lugares de trabajo, que la canciller Angela Merkel insiste en que debería abrir en mayo. India ha dado luz verde a las instalaciones de fabricación para reanudar la producción, incluso sin pautas de distanciamiento social.

Turquía, que ahora tiene más casos que Irán y China, nunca detuvo las industrias no esenciales para comenzar. El presidente Recep Tayyip Erdogan ha implementado como máximo toques de queda de fin de semana y un bloqueo de cuatro días a partir de hoy, algo totalmente inadecuado en comparación con las advertencias de la Asociación Médica Turca de que todo trabajo innecesario debería detenerse con todos los recursos para contener la pandemia.

En los Estados Unidos, donde el coronavirus ha excedido tanto el cáncer como las enfermedades cardíacas como la principal causa de muerte, el presidente Donald Trump está permitiendo que los estados individuales determinen cómo reabrir. Varios estados han anunciado o ya han comenzado a permitir la reapertura de restaurantes y tiendas minoristas, incluidos Carolina del Sur, Georgia, Tennessee y Montana.

La premisa para estas acciones es que, debido a la disminución en el número de casos nuevos, la pandemia se está conteniendo y, por lo tanto, es seguro reanudar la vida normal. Ignoran las advertencias de la Organización Mundial de la Salud de que “la evidencia preliminar sugiere que la mayoría de la población mundial sigue siendo susceptible. Eso significa que las epidemias pueden volver a reencenderse fácilmente”.

Esto ya se está viendo en China, Japón y Singapur, que han tenido un aumento reciente en los casos. Que el coronavirus pueda continuar propagándose incluso en países que han implementado medidas agresivas de distanciamiento social, pruebas, rastreo de contactos y cuarentena desde el comienzo de sus brotes respectivos, debe ser una advertencia absoluta sobre la persistencia continua, la virulencia y, en última instancia, la mortalidad de la pandemia.

El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU., Robert Redfield, también advirtió: “Existe la posibilidad de que el ataque del virus a nuestra nación el próximo invierno sea aún más difícil que el que acabamos de pasar”. Continuó: “Vamos a tener la epidemia de gripe y la epidemia de coronavirus al mismo tiempo”.

Sin embargo, si las escuelas y los lugares de trabajo continúan abriéndose, el número de casos y muertes por coronavirus no aumentará el próximo invierno, sino en las próximas semanas y meses. Y hay muchas razones para creer que será peor de lo que ya le ha sucedido a una gran parte de la humanidad. La pandemia ya se ha extendido a todos los rincones del planeta y solo se ha ralentizado por el hecho de que más de cuatro mil millones de personas están en alguna forma de aislamiento. Enviar millones de vuelta al trabajo en países, como en los Estados Unidos, con pruebas inadecuadas y sin las capacidades de rastreo de contactos necesarias costará innumerables vidas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de abril de 2020)