Muertes por COVID-19 se acercan al millón

La OMS condena el fracaso de los Gobiernos en prepararse para la pandemia

22 septiembre 2020

Un reporte publicado la semana pasada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) deja en claro que los Gobiernos de todo el mundo recibieron advertencias por años del peligro de una pandemia global con las mismas características exactas del COVID-19 y prácticamente no hicieron nada para prepararse ni prevenir tal brote.

El reporte fue publicado por la Junta de Monitoreo de Preparación Global, una organización presidida conjuntamente por la OMS y el Banco Mundial para monitorear el nivel de preparación internacional para combatir brotes masivos de enfermedades infecciosas. Desde el inicio, declara: “El mundo nunca había recibido advertencias tan claras de los peligros de una devastadora pandemia, ni tuvo antes el conocimiento, los recursos y las tecnologías para lidiar con tal amenaza. Sin embargo, el mundo nunca evidenció una pandemia con un impacto social y económico tan amplio y destructivo”.

Tales advertencias fueron emitidas por la propia OMS. En su reporte “Un mundo en riesgo” del año pasado, dejó en claro que la amenaza de “una pandemia de rápida propagación causada por un patógeno respiratorio letal” tenía el potencial de matar a millones y causar una devastación económica. Las advertencias fueron ignoradas por Estados Unidos y toda otra gran potencia.

La consecuencia es una catástrofe global no vista desde las guerras mundiales del siglo pasado. Al finalizar la semana, se habrán perdido un millón de vidas por la pandemia, y se espera que esto se duplique para inicios del 2021. Millones más sufrirán problemas de salud de largo plazo causados por la enfermedad. Cientos de millones han visto sus vidas arruinadas por perder sus empleos y por las muertes de sus compañeros de trabajo, vecinos, amigos y familiares.

El reporta señala que no solo fueron ignoradas repetidamente las advertencias de la OMS, sino que la pandemia “ha demostrado la fragilidad de economías y sistemas sociales altamente interconectados, así como la fragilidad de la confianza”. El documento continúa: “Ha aprovechado y exacerbado las fisuras en las sociedades y entre las naciones. Ha aprovechado las desigualdades, recordándonos en términos categóricos que no existe la seguridad sanitaria sin la seguridad social. El COVID-19 ha sacado partido de un mundo en desorden”.

Más precisamente, el impacto catastrófico del COVID-19 es producto de “un mundo en desorden”. El reporte afirma que la pandemia “ha contribuido a un aumento en el populismo, el nacionalismo y el autoritarismo” en países de todo el mundo. La pandemia también “alimentó las confrontaciones políticas” y “agravó las vulnerabilidades” vinculadas a los niveles sin precedentes de desigualdad social.

En otras palabras, la pandemia ha expuesto la contradicción entre la naturaleza altamente integrada de la sociedad moderna y el sistema caduco e irracional del sistema de Estados nación del capitalismo.

Consecuentemente, los recursos necesarios para combatir la pandemia nunca se hicieron disponibles. Según los datos del documento, los Gobiernos tuvieron que gastar $5 adicionales por persona cada año —un total global de menos de $40 mil millones por año— para prepararse adecuadamente para la pandemia. Actualmente, el costo de la respuesta a la pandemia por ahora ha sido de $11 billones y contando. Se espera que otros $10 billones se pierdan “como resultado de los cierres escolares y una recesión global” que los sentirán más fuertemente las generaciones más jóvenes.

El reporte también describe los efectos secundarios mortales de la pandemia. “Las campañas de vacunas en todo el mundo se han suspendido, poniendo en riesgo la erradicación del polio y probablemente lleve a nuevos brotes de enfermedades prevenibles, con sus muertes, morbilidades y efectos de largo plazo. La interrupción del acceso al cuidado por VIH, tuberculosis y la malaria amenaza con causar más de un millón de muertes adicionales solo en el período 2020-2021”.

Otras proyecciones similares estiman que, además, 1,2 millones de niños y 56.700 madres en todo el mundo morirán en los próximos seis meses por interrupciones en su cuidado materno y suplementos alimentarios.

Y no hay un fin a la vista. Más de siete millones se han contagiado solo en EE.UU. y 204.000 han muerto. Las cifras de nuevos casos en España, Francia y Holanda, que suprimieron en gran medida la pandemia en mayo, junio y parte de julio, han resurgido a niveles similares o mayores que los de mayo o abril. Incluso Italia, el epicentro mundial de la pandemia a principios de la primavera, está viviendo un repunte en los contagios, con casi 1.500 casos nuevos cada día. Los casos y las muertes en India, Brasil y México siguen viendo un aumento meteórico.

La nueva erupción de la pandemia en Europa está directamente relacionada con el levantamiento de las restricciones sobre distanciamiento social y la reapertura de las industrias no esenciales y las escuelas, como fue predicho y advertido por los científicos y expertos médicos.

Pero el que siga habiendo tanta muerte y sufrimiento no puede atribuirse sencillamente a la falta de “buena gobernanza” como sugiere el reporte. Todos los Gobiernos capitalistas están persiguiendo, implícita y cada vez más explícitamente, una política de “inmunidad colectiva”, es decir, permitir deliberadamente que el virus infecte a la población sin importar el costo en vidas humanas.

El hecho de que esta política homicida sea compartida por todos los principales Gobiernos del mundo desmiente cualquier intento de atribuir la respuesta criminal e incompetente del virus a las características subjetivas de líderes individuales como Donald Trump. Trump y los otros líderes fascistizantes, como Modi en India y Bolsonaro en Brasil, manifiestan más abiertamente el carácter criminal de las oligarquías corporativo-financieras que gobiernan el mundo. Su llegada al poder refleja el desplome del capitalismo como un sistema global hacia la barbarie y las guerras.

Las políticas racionales, humanas y científicas, la asignación de recursos financieros y la coordinación internacional que se necesitan para contener y erradicar el virus son contrarios a los intereses económicos de los milmillonarios que dictan las políticas de los Gobiernos.

Desde el principio, han actuado para protege y expandir sus portafolios de acciones, dedicando billones de dólares apara rescates corporativos a expensas de potencialmente millones de vidas.

“Para superar la crisis sanitaria, debemos aprender a vivir con el virus”, tuiteó el presidente francés Emmanuel Macron el mes pasado. “Es probable que prácticamente todos los niños, de una u otra manera, se infecten de coronavirus”, dijo la presidenta regional de Madrid, España, aun cuando el país ha visto sus contagios diarios aumentar de 300 en junio a 30.000 el domingo.

El presidente Donald Trump fue más explícito cuando dio durante un cabildo televisado la semana pasada, “ustedes desarrollarán la mentalidad de rebaño”, conteniéndose de decir “inmunidad de rebaño”. Continuó: “Como una mentalidad de rebaño. Va a ser, va a desarrollarse a través del rebaño y eso va a ocurrir”. Como resultado, afirmó, la pandemia “desaparecerá”.

Incluso según los estimados más conservadores, dicha política resultará en última instancia en más de 23 millones de muertes globalmente por COVID-19 en los próximos años. Las proyecciones más pesimistas advierten que hasta 71 millones tendrían que morir para alcanzar la “inmunidad colectiva” al coronavirus en la población mundial. Y esto no toma en cuenta las reinfecciones, las cuales ya fueron documentadas.

No se pueden escatimar esfuerzos para prevenir un escenario apocalíptico como este. Ante todo, el factor decisivo será, como afirma la Organización Mundial de la Salud, el “liderazgo político”. Sin embargo, no se trata del liderazgo político de los Gobiernos capitalistas, sino el liderazgo político de la clase obrera.

La clase obrera necesita ser consciente de que esta no es una cuestión de apelar a los Gobiernos ni las instituciones financieras que, a pesar de las advertencias, permitieron que se produjera la pandemia.

El fracaso catastrófico en contener la pandemia es el resultado de un sistema social que prioriza las ganancias privadas por encima de la vida humana. Los $40 mil millones anuales necesarios para prevenir una pandemia resultó demasiado costoso, mientras los presupuestos militares y los rescates corporativos vieron aumentos estrepitosos en todo el mundo.

Los trabajadores necesitan exigir la asignación de todos los recursos materiales y científicos necesarios para rastrear y suprimir el virus. Esto exige una lucha contra todo el sistema capitalista.

La creciente oposición de los trabajadores a la marcha homicida de regreso al trabajo, reflejado en las huelgas y protestas de maestros, trabajadores automotores, conductores de autobuses y muchos otros sectores de la clase obrera internacionalmente, necesita ser transformada en un movimiento políticamente independiente y con consciencia de clase de los trabajadores en todos los países, luchando por acabar con el capitalismo y establecer el socialismo.

(Publicado originalmente en inglés el 21 de septiembre de 2020)

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Bryan Dyne