Lincoln, los 38 dakotas y la falsificación racialista de la historia

por Renae Cassimeda
17 noviembre 2020

El 11 de octubre, manifestantes en Portland, Oregon, derribaron una estatua de Abraham Lincoln y en su base pintaron con aerosol la frase «Dakota 38». El ataque se produjo durante una protesta llamada Día de la Rabia de los Pueblos Indígenas contra el Colonialismo, organizada en oposición al feriado del Día de la Raza, que se celebra a nivel nacional el 12 de octubre.

«Dakota 38» es una referencia a la guerra de Dakota de 1862, que terminó con la ejecución de 38 nativos estadounidenses sioux por iniciar una rebelión en Minnesota, durante la Guerra Civil. Es la ejecución más grande en la historia de Estados Unidos. También fue el mayor acto de clemencia ejecutiva en la historia de Estados Unidos. A pesar de que la Guerra Civil estaba en pleno apogeo y el destino de la nación pendía de un hilo en el otoño de 1862, Lincoln revisó el caso personalmente y revocó las sentencias de muerte de otros 265 sioux. Como resultado, sufrió amargas críticas.

La estatua de Lincoln derribada (Crédito: Twitter/@GlbBreakNews)

Las ejecuciones se hicieron durante una guerra que abolió la esclavitud a costa de un mayor número de vidas que las demás guerras estadounidenses juntas. Por liderar la lucha revolucionaria para emancipar a cuatro millones de esclavos, Lincoln pagó con su vida el 15 de abril de 1865, seis días después de la rendición del general confederado, Robert E. Lee, en Appomattox.

Sacados de su contexto histórico, los trágicos eventos ocurridos en Minnesota hace ciento cincuenta y ocho años son manipulados para retratar a Lincoln como un racista que no se diferencia de quienes pidieron el exterminio de las poblaciones nativas. Esto es parte de una campaña más amplia, encabezada por el Proyecto 1619 del New York Times, para socavar el legado democrático e igualitario de las dos primeras revoluciones en Estados Unidos.

También se quiere eliminar otra estatua de Lincoln por los mismos motivos que en Portland. El 29 de septiembre, el órgano estudiantil de la Universidad de Wisconsin-Madison aprobó por unanimidad una resolución para quitar del campus una estatua histórica de Lincoln, con el argumento de que representa un remanente «de la historia de supremacía blanca en esta universidad».

En un correo electrónico enviado al sitio web The College Fix, Robyn George, presidenta del Comité de Asuntos Legislativos de los Estudiantes Asociados de Madison (ASM), argumentó que no se debería homenajear a Lincoln por las «cosas buenas que hizo por Estados Unidos, como aprobar la 13ª enmienda, [cuando] en realidad, Lincoln ordenó la mayor ejecución en Estados Unidos: 38 dakotas». La coordinadora de participación diversa de ASM, Chrystal Zhao, dijo a ese medio que Lincoln es un «símbolo de la limpieza étnica de los pueblos indígenas» y afirmó que ver su figura en el campus hace que los estudiantes «se sientan incómodos».

Curiosamente, ni los manifestantes del 11 de octubre ni el ASM presentaron demandas sociales. No hacen referencia a trabajos, hospitales, vivienda o atención médica para los pueblos nativos, el sector más oprimido de la población estadounidense.

El World Socialist Web Site condena la destrucción de la estatua de Lincoln en Portland y el ataque general contra el decimosexto presidente y rechaza la narrativa distorsionada presentada por los defensores pequeño burgueses de la política de la identidad. Como siempre, la mejor respuesta a la falsificación racialista de la historia es un repaso al registro histórico real.

La guerra de Dakota: 17 de agosto-23 de septiembre de 1862

Antes del estallido del conflicto en el suroeste de Minnesota, las tensiones habían crecido durante años debido a las injusticias infligidas a los dakotas por los gobiernos nacionales y estatales y por especuladores de tierras e intereses comerciales que querían despojarlos de sus tierras ancestrales.

Los prisioneros condenados de Dakota esperan su destino en una cárcel abarrotada de gente en Mankato después de rendirse. Este dibujo apareció en la Nueva Revista Mensual de Harper, en junio de 1863.

Se estima que 150.000 colonos estadounidenses se habían trasladado al territorio dakota durante la década anterior a la Guerra Civil. Los tratados entre los sioux y el gobierno de Estados Unidos obligaron a los nativos estadounidenses a ceder nueve décimos de su tierra. En 1858, el mismo año en que Minnesota fue admitida como estado de Estados Unidos, más de 7.000 sioux estaban confinados en una pequeña reserva ubicada en una estrecha franja de tierra a lo largo del río Minnesota. Ya no podían mantenerse de manera tradicional, a través de la caza y la agricultura, y dependían de los bienes, servicios y pagos anuales establecidos en los tratados con el gobierno federal. Los dakotas dependían de estos pagos para su supervivencia, pero a menudo eran estafados por los comerciantes y agentes federales corruptos.

La cosecha del otoño de 1861 fue mala debido a una plaga de gusanos trozadores, y el invierno siguiente fue duro. A finales de la primavera, muchos nativos estadounidenses se morían de hambre y solo se alimentaban con raíces. Cuando se reunieron para recibir sus anualidades, los bienes y el dinero llegaron tarde. Los comerciantes de la reserva reclamaron la mitad de la anualidad por el pago de bienes entregados previamente a los dakotas, aunque su jefe supremo, Wabasha, nunca había aceptado esta transferencia de fondos. Se prometía una exitosa cosecha de maíz y verduras en otoño, pero circularon rumores de que ese año no habría ninguna anualidad.

El 4 de agosto, los dakotas irrumpieron en el almacén del asentamiento Yellow Medicine Upper Agency para conseguir comida. Un pequeño grupo de la milicia de Minnesota repelió al desesperado y hambriento grupo con la amenaza de usar cañones. Los agentes y comerciantes del asentamiento Redwood Lower Agency se negaron a permitir que los dakotas compraran alimentos a crédito, a pesar de que estaban hambrientos. Andrew Myrick, un comerciante de la Lower Agency, expresó famosamente la actitud de muchos colonos estadounidenses de la región en ese momento al comentar: «En lo que a mí respecta, que coman hierba». La cruel declaración enfureció a la banda dakota de Mdewakantonwan, que recibió sus anualidades de los comerciantes de la Lower Agency.

El 17 de agosto, cuatro hombres dakotas que regresaban de una expedición de caza mataron a cinco colonos blancos en Acton, Minnesota. Al enterarse de la noticia de los asesinatos, los líderes de los dakotas se reunieron para discutir la situación y decidieron pasar a la ofensiva.

El ahorcamiento de treinta y ocho nativos americanos de Dakota ocurrió en Mankato, Minnesota, el 26 de diciembre de 1862, Este dibujo es del Harper's Weekly, del 17 de enero de 1863.

A la mañana siguiente, el 18 de agosto, un grupo de dakotas liderado por Taoyateduta (Pequeño Cuervo), líder de una banda Mdewakantonwan de los dakotas, atacó el asentamiento de la Lower Agency. El levantamiento fue motivado por la ausencia de hombres jóvenes entre los colonos. Una octava parte de la población total de Minnesota (180.000) luchó en la Guerra Civil, más que cualquier otro estado de la Unión.

Se produjo una lucha de seis semanas en Minnesota, que terminó siendo el conflicto más sangriento entre los nativos y colonos estadounidenses desde el período colonial. Los combates afectaron a decenas de miles de civiles y no combatientes. Más de cien colonos, en su mayoría mujeres y niños, fueron capturados por los dakotas. Aterrorizados por el estallido de violencia, se estima que 20.000 agricultores recogieron a sus familias, abandonaron sus cultivos y huyeron a St. Paul. Más de 600 colonos blancos, unos 200 soldados y unos 300 dakotas murieron en el conflicto.

Enfrentados con la fuerza combinada del ejército estadounidense y la milicia ciudadana (y con un menor apoyo a la guerra entre sus propias filas y las tribus vecinas), los dakotas se rindieron el 23 de septiembre, después de una derrota sangrienta en la batalla de Wood Lake. Las tropas estadounidenses detuvieron a miles de guerreros dakotas y a cientos de hombres, mujeres y niños que no tenían nada que ver con el conflicto. Los soldados quemaron cosechas, destruyeron casas y colocaron a los sioux en bárbaros campos de internamiento.

Aproximadamente 1.500 hombres, mujeres y niños dakotas fueron detenidos. Casi de inmediato, los militares realizaron juicios amañados para condenar a muerte a cientos de ellos.

Los juicios y las ejecuciones de los dakotas: 28 de septiembre–26 de diciembre de 1862

Desde el 28 de septiembre hasta el 5 de noviembre, una comisión militar de cinco hombres juzgó a casi 400 hombres dakotas. Antes de la decisión final de Lincoln en el asunto, la mayoría de los 392 que fueron condenados —303 hombres dakotas— fueron condenados a muerte.

Taoyateduta (Pequeño Cuervo) era un líder en la banda de Mdewakanton de Dakota y lideró a los guerreros en la batalla durante la Guerra de Dakota de 1862. Little Crow se retiró en septiembre de 1862 y fue brutalmente asesinado el 3 de julio de 1863 por dos colonos blancos. (Fotografía tomada en 1858 por A. Zeno Shindler, cortesía del Instituto Smithsonian).

En su estudio de 2013 titulado «I Could not Afford to Hang Men for Votes—Lincoln the Lawyer, Humanitarian Concerns, and the Dakota Pardons» (No podía colgar a hombres por votos: el abogado Lincoln, las preocupaciones humanitarias y los indultos de los dakotas), el historiador del derecho Paul Finkelman, que entonces era profesor en la Facultad de Derecho de Albany y ahora es el presidente de Gratz College en el área metropolitana de Filadelfia, señala que los juicios de los dakotas violaron las reglas tradicionales de la guerra, ya que los combatientes fueron juzgados y condenados a muerte según la teoría de que no habían participado en una guerra legítima, sino en una actividad violenta ilegal.

Finkelman escribe: «El tribunal militar sostuvo que no había una distinción significativa entre quienes cometieron lo que podía ser visto como crímenes de guerra y aquellos que eran simplemente soldados o compañeros de viaje en el ejército improvisado de Pequeño Cuevo (...) El estándar de culpabilidad era simple: cualquiera que disparara un rifle en cualquier forma de combate era considerado culpable y estaba sujeto a la pena de muerte».

Los juicios les negaron a los dakotas acusados una representación jurídica y fueron realizados con venganza y prisa por una comisión militar, nombrada por el general Henry Hastings Sibley, y compuesta por residentes blancos de Minnesota que juzgaron a los dakotas como asesinos en lugar de guerreros involucrados en una guerra declarada legítimamente. Finkelman explica: «El general Sibley no tenía una idea real sobre el debido proceso o los juicios justos, ya que pasó revista a juicios que duraron unos minutos y condenó a muerte a hombres por delitos no punibles con la pena capital, prácticamente sin ninguna evidencia». En respuesta al sangriento conflicto, los habitantes de Minnesota exigieron una ejecución masiva.

Los juicios se habían desarrollado durante dos semanas antes de que Lincoln recibiera noticias de las ejecuciones planeadas. El 14 de octubre, el general estadounidense John Pope, jefe del recién creado Departamento de Guerra del Noroeste, envió a Lincoln un informe sobre los juicios en curso y las ejecuciones planificadas, que fue leído en voz alta durante una reunión del gabinete en Washington, DC. Lincoln y los integrantes de su gabinete quedaron muy consternados por la noticia y se movieron rápidamente para evitar cualquier acción precipitada en Minnesota.

El secretario de la Marina, Gideon Welles, anotó en su diario: «Estaba disgustado con todo el asunto; el tono y las opiniones del despacho son vergonzosos (…) no se nos dice cuál pudo haber sido la provocación». Welles sospechaba que las atrocidades infligidas a los dakotas eran parte de un plan más amplio para sacar a todos los nativos estadounidenses del estado. Su sospecha se confirmaría en los años posteriores a los juicios.

Después de la batalla de Antietam, "El Camino Hundido", un conocido carril agrícola utilizado principalmente por los agricultores para evitar Sharpsburg y desgastado a lo largo de los años por la lluvia y el tráfico de carros, llegaría a llamarse "Bloody Lane", reflejando la carnicería de esta única y mortal batalla de la Guerra Civil. (Biblioteca del Congreso)

El relato detallado de los juicios y las ejecuciones en la guerra de Dakota presentado por Finkelman brinda una idea del sumo cuidado que tuvo Lincoln en su examen de las transcripciones del juicio. El 17 de octubre, el general Pope escribió al general Sibley, entonces jefe del Departamento de Guerra del 2. ° Distrito en Minnesota, que «el presidente ordena que no se realicen ejecuciones sin su autorización».

Los juicios terminaron el 5 de noviembre. El 10 de ese mes, inmediatamente después de que el General Pope remitiera los nombres de los condenados, Lincoln ordenó que le enviaran todas las pruebas a él de inmediato y solicitó «el registro completo de sus condenas» y «una declaración cuidadosa» sobre los «autores más culpables e influyentes».

Durante casi un mes, mientras la Guerra Civil causaba estragos, Lincoln y sus ayudantes revisaron las transcripciones del juicio de manera minuciosa. Descubrieron que no habían pruebas comprometedoras contra la mayoría de los acusados. Los comisionados que habían dictado las fuertes condenas eran los mismos oficiales militares que habían luchado contra los dakotas. En estas circunstancias era imposible un veredicto objetivo e imparcial.

Carol Chomsky, profesora de derecho de la Universidad de Minnesota, señala en un estudio de 1990 citado a menudo, «The United States-Dakota War Trials: A Study in Military Injustice» (Los juicios de guerra entre Estados Unidos y los dakotas: un estudio sobre la injusticia militar), que Lincoln enfrentó una presión inmensa para aprobar la ejecución masiva de los 303 hombres dakotas. Múltiples informes enviados a Lincoln advirtieron que si no había ejecuciones, bandas de colonos llevarían a cabo asesinatos en masa no solo contra los 300 acusados, sino contra mujeres y niños. En respuesta a los informes de que Lincoln podría no cumplir la orden completa, el periódico The Stillwater Messenger pidió sangre. El titular del 11 de noviembre vociferó: «¡MUERTE A LOS BÁRBAROS! Es el sentimiento de nuestro pueblo».

El gobernador de Minnesota, Alexander Ramsey, y los oficiales militares involucrados en el conflicto, anunciaron que habría un estallido de violencia si no se efectuaban las ejecuciones. «Espero que se ordene de inmediato la ejecución de todos los indígenas sioux condenados por el tribunal militar», declaró Ramsey, «rechazar esto sería un error político y de principios. La venganza privada ocuparía el lugar del juicio oficial sobre estos indígenas en toda esta frontera».

Al enviar las transcripciones del juicio a Lincoln, el General Pope también incluyó un reclamo para que se aprobaran todas las ejecuciones. La carta de Pope, explica Chomsky, «advirtió [a Lincoln] que el pueblo de Minnesota, quizás con algunos de los soldados, tomaría el asunto en sus propias manos y mataría a ‘todos los indígenas: ancianos, mujeres y niños’, si el presidente no permitía que se llevaran a cabo las 303 ejecuciones. Si el presidente se mostraba reacio a tomar una decisión, Pope sugirió que los condenados fueran entregados al gobierno estatal».

La primera lectura de Lincoln de la Proclamación de Emancipación a su gabinete el 22 de julio de 1862. Lincoln emitiría la Proclamación de Emancipación preliminar el 22 de septiembre de 1862. Pintura de Francis B. Carpenter. Biblioteca del Congreso.

Morton Wilkinson, senador republicano por el estado de Minnesota, y los representantes Cyrus Aldrich y William Windom le escribieron a Lincoln sobre historias de violaciones y mutilaciones «bien conocidas por nuestro pueblo» y transmitieron su protesta ante la eventual decisión de perdonar o indultar a los dakotas. Si Lincoln no permitía las ejecuciones, dijeron, «el pueblo indignado de Minnesota se desharía de estos desgraciados sin ley. Estos dos pueblos no pueden vivir juntos. No deseamos que haya violencia en Minnesota, que seguramente la habrá, si se presiona a la gente».

Incluso el Senado de Estados Unidos, controlado por los republicanos, aprobó una resolución presentada por el senador Wilkinson a principios de diciembre exigiendo que Lincoln llevara a cabo las ejecuciones.

El reverendo Henry Whipple, un clérigo episcopal de Minnesota que era comprensivo con la difícil situación de los dakotas, visitó al presidente en la Casa Blanca en septiembre, en el peor momento del conflicto, y pintó un cuadro de la brutalidad a la que se enfrentaba la tribu. Según los informes, Lincoln respondió que su encuentro con Whipple lo había sacudido hasta la médula y señaló que el reverendo «me habló sobre la podredumbre de este asunto con los indígenas hasta que lo sentí en mis botas».

Después de una cuidadosa consideración del caso, Lincoln decidió conmutar las sentencias de 265 dakotas y no anular las ejecuciones de 39 hombres ordenadas por el tribunal militar. Escribió sus nombres en varias interpretaciones fonéticas para asegurarse de que no hubiera errores. Además, reconociendo la amenaza real de violencia callejera en Minnesota, Lincoln ordenó que los restantes prisioneros fueran retenidos, «sujetos a nuevas órdenes, teniendo cuidado de que no escapen ni sean sometidos a ninguna violencia ilegal».

En una carta al Senado fechada el 11 de diciembre de 1862, en la que describía su decisión sobre el asunto, Lincoln escribió: «Ansioso por no actuar con tanta clemencia como para alentar otro brote por un lado, ni con tanta severidad como para ser cruel por el otro, pedí que se hiciera un examen detenido de los registros de los juicios para ordenar primero la ejecución de aquellos que fueron declarados culpables de violar a mujeres». Lincoln dijo que se podía probar que solo dos dakotas habían violado a mujeres. Luego explicó que separó a quienes participaron en «masacres» de quienes participaron en «batallas», lo que redujo considerablemente el número de condenas a muerte. En función de nuevas pruebas, también se conmutaría la pena de otro hombre dakota unos días antes de las ejecuciones del 26 de diciembre, con lo que el número de ejecutados fue 38.

Los colonos de Minnesota huyen del levantamiento de los Dakota en 1862. (Fotógrafo: Adrian J. Ebell, cortesía de la Sociedad Histórica de Minnesota)

En el libro seminal Enterrad mi corazón en Wounded Knee, Dee Brown señala que luego se dio a conocer información de que dos de los hombres colgados no estaban en la lista de Lincoln y que muchos se declararon inocentes hasta el final. Uno de ellos era un joven dakota, Rdainyanka, yerno del jefe Wabasha, que había aconsejado la rendición para que no se perdieran más vidas. En una carta final a su suegro, el jefe Wabasha, Rdainyanka escribió:

Wabasha - Me engañaste, me dijiste que si seguíamos el consejo del general Sibley y nos entregábamos a los blancos, todo saldría bien; ningún inocente sería herido. No he matado, herido o dañado a ningún hombre blanco ni a ninguna persona blanca. No he participado en el saqueo de su propiedad; y, sin embargo, hoy me apartaron para ejecutarme (...) Cuando mis hijos sean mayores, hazles saber que su padre murió porque siguió el consejo de su jefe y sin tener en sus manos la sangre de un hombre blanco para rendir cuentas al Gran Espíritu.

La distinción de Lincoln entre la participación de los dakotas en «batallas» versus “masacres” también destruyó la narrativa pública sobre las guerras contra los pueblos nativos y reconoció, a través del marco de las leyes de la guerra, la legitimidad de la causa dakota.

En este contexto, su decisión de considerar a los nativos estadounidenses acusados como «personas» que tenían derecho a la presunción de inocencia ejemplifica un enfoque mucho más humano que el de los partidos políticos, tribunales, colonos y especuladores de tierras a lo largo de la historia estadounidense, que en general habían apoyado la expulsión de los nativos estadounidenses de su tierra sin ninguna consideración por sus derechos.

La línea de presidentes que precedió a Lincoln, que se remonta a Andrew Jackson, apoyó como política de Estado lo que hoy se llamaría limpieza étnica. Esta política resurgiría con fuerza con el crecimiento explosivo del capitalismo estadounidense después de la Guerra Civil. El enfoque de Lincoln terminó siendo una pausa en esta cadena de despojo y violencia.

Las primeras experiencias de Lincoln con los nativos estadounidenses

Sus propias experiencias personales con los nativos estadounidenses brindan una idea sobre la cuidadosa decisión de Lincoln con respecto a los dakotas.

Lincoln alcanzó la mayoría de edad en un clima de gran prejuicio contra los nativos estadounidenses. Él provenía de los bosques de la frontera trans-Apalache. Nació en Kentucky, se mudó al sur de Indiana en 1816 y luego a la frontera de Illinois en 1830. La incertidumbre y el peligro de vivir en los bosques y cerca de los nativos estadounidenses siempre estuvo presente.

Lincoln y el general McClellan en el campo de batalla en Sharpsburg, Maryland en octubre de 1862 después de la batalla de Antietam el 22 de septiembre de 1862, la batalla más sangrienta de la Guerra Civil. Fotografiado por Alexander Gardener.

Este fue sin duda el caso de la familia de Lincoln, ya que su abuelo, Abraham Lincoln Sr., fue asesinado por un pequeño grupo de nativos estadounidenses shawnee durante una redada en su granja de Kentucky en 1786. El padre de Lincoln, Thomas, tenía ocho años cuando presenció el asesinato de su padre; y su hermano mayor, Mordecai, mató a tiros a un nativo estadounidense. El hecho tendría un impacto profundo en la familia.

Al escribir a un pariente en 1863, Lincoln contó que de todas las historias relativas a su ascendencia, «la historia de la muerte de mi abuelo y la del tío Mordecai, que entonces tenía catorce años, matando a uno de los indígenas es la leyenda que se grabó con más fuerza en mi mente y mi memoria».

Con solo 23 años, Lincoln se alistó en la milicia de Illinois para luchar en la guerra de Black Hawk (1832). Fue nombrado comandante de su unidad y, aunque estaba preparado para luchar contra la tribu sauk, logró que su compañía nunca entrara en combate. Fue testigo de las atrocidades de la guerra, así como del traslado de los sauk del noroeste de Illinois a una reserva en Iowa.

La estatua de Lincoln en Bascom Hill en la Universidad de Wisconsin-Madison, el tema reciente de la eliminación por el gobierno estudiantil. (Foto de Riley Steinbrenner)

Lincoln vio con sus propios ojos las secuelas de las batallas y de la guerra brutal con los sauk. Después de las derrotas estadounidenses en Stillman's Run y la segunda batalla de Kellogg's Grove, Lincoln y su compañía tuvieron la tarea sombría y espantosa de juntar y enterrar a los muertos. Cerca de Ottawa, Illinois, Lincoln y su unidad también contemplaron el resultado sangriento de una masacre en la que soldados, mujeres y niños habían sido mutilados y asesinados.

Hacia el final de la guerra, la compañía de Lincoln enterró a un grupo de exploradores que habían sido atacados. Lincoln recordó: «Recuerdo cómo se veían esos hombres (...) mientras subíamos la pequeña colina donde estaba su campamento. La fuerte luz de la mañana se derramaba sobre ellos mientras yacían en el suelo, con la cabeza hacia nosotros, y cada hombre tenía una mancha roja y redonda en la parte superior de la cabeza del tamaño de un dólar, donde los pieles rojos habían quitado su cuero cabelludo. Fue espantoso, pero grotesco, y la fuerte luz parecía pintar todo por todas partes».

A pesar de sus horribles experiencias en la guerra de Black Hawk, Lincoln captó la complejidad de las relaciones con los nativos estadounidenses y mantuvo un aprecio por sus culturas y su humanidad individual.

En una ocasión durante la Guerra de Black Hawk, la unidad de Lincoln acampaba en el condado de Henderson, Illinois, cuando llegó un anciano de la tribu potawatomi y presentó una carta de presentación y un salvoconducto del Secretario de Guerra de Estados Unidos, Lewis Cass. Los hombres de Lincoln pensaron que el hombre era un espía y se prepararon para matarlo.

William G. Greene, miliciano de Illinois y amigo cercano de Lincoln, recordó el encuentro: «El Sr. Lincoln, en la bondad y humanidad y justicia de su naturaleza, se interpuso entre el indígena y los hombres indignados, y dijo: “Señores, no debemos matarlo; no debemos dispararle ni matarlo". Algunos de los hombres comentaron: “El indígena es un maldito espía”. Aún así, Lincoln se interpuso entre el indígena y la venganza de los soldados indignados: valiente, bueno y verdadero». La compañía amenazó con atacar a Lincoln, pero dieron marcha atrás cuando él los desafió a elegir sus armas y luchar contra él.

La guerra de Dakota en el contexto de la Guerra Civil: julio–diciembre de 1862

En 1862 estaba claro que la Guerra Civil sería larga y sangrienta. Al finalizar el año, las bajas de la Unión excedían las 100.000, la deuda nacional se acumulaba y muchos, incluso en el partido de Lincoln, comenzaron a referirse a la guerra como la «guerra de Lincoln» y pidieron una tregua con el sur, incluso si eso implicaba la continuación de la esclavitud.

La batalla de Shiloh, en abril de 1862, asombró a la nación. Tuvo 13.000 bajas y 1.750 muertos en unos pocos días de combate. En el verano de 1862, el general George B. McClellan fracasó en su intento de capturar Richmond, Virginia, la capital de la Confederación. El ejército de la Unión fue humillado en la segunda batalla de Bull Run en Virginia, a finales de agosto, cuando se estaba produciendo el levantamiento sioux en Minnesota, sufriendo otras 14.000 bajas. Luego, en septiembre, el general confederado, Robert E. Lee, puso en marcha su campaña de Maryland, invadiendo el norte y amenazando a Washington, DC.

El gobierno de Lincoln entró en crisis. Cuanto más duraba la guerra, más apoyo ganaba en el norte el Partido Demócrata, que apoyaba la paz con la Confederación.

Porción de prisioneros condenados de Dakota ordenada por Lincoln, 1862. (Sociedad Histórica de Minnesota)

Fue en este contexto que estalló la guerra de Dakota. Las hipótesis sobre conspiraciones eran comunes. El periódico The New York Times escribió que «los indígenas están aliados con los rebeldes», e informaron que el estallido de violencia en Minnesota era producto de la manipulación confederada en toda la frontera. Los comandantes militares advirtieron que miles de nativos estadounidenses se levantarían en armas y entregarían el oeste a la Confederación. En octubre de 1861 el gobierno confederado había reconocido formalmente a una facción de los cherokee como una nación separada en Oklahoma. Lincoln escribió que «la relación del gobierno con las tribus indígenas se deterioró mucho por la insurrección».

Mientras se desarrollaba la guerra de Dakota, Lincoln implementó un cambio fundamental. El 22 de septiembre, cinco días después de que el ejército de la Unión detuviera en Antietam la invasión de Maryland efectuada por Lee (el día más sangriento en la historia de Estados Unidos), Lincoln emitió la Proclamación de Emancipación preliminar, proclamando «como un acto de justicia» y «necesidad militar», la libertad de los esclavos en todos los estados o parte de los estados en rebelión contra Estados Unidos, efectiva a partir del 1 de enero de 1863. Desde este punto en adelante, Lincoln pelearía una lucha intransigente y cada vez más violenta contra la Confederación para restaurar la Unión y borrar la esclavitud del mapa para siempre.

Los juicios de los dakotas se hicieron en vísperas de las elecciones nacionales de 1862, que se convirtieron en un referéndum sobre la política de guerra de Lincoln. Los demócratas, que llevaron a cabo una campaña abiertamente racista contra Lincoln y el «Partido Republicano negro», conquistaron 27 escaños en la Cámara de Representantes con una plataforma de paz. Los republicanos perdieron el control de las legislaturas estatales en los estados críticos de Ohio, Pennsylvania, Illinois y Nueva York debido al agobio por la guerra y la oposición a la Proclamación de Emancipación. Lincoln necesitaba el apoyo de los colonos en bastiones republicanos como Minnesota.

El 11 de diciembre, el mismo día que Lincoln anunció su decisión al Senado sobre las ejecuciones de los dakotas, las fuerzas de la Unión al mando del general Ambrose Burnside se enfrentaron en un amargo conflicto de cuatro días con las tropas confederadas al mando del general Lee en Fredericksburg, que terminó en otra derrota aplastante para la Unión. el 15 de diciembre. Fue la batalla más grande de la Guerra Civil hasta ese momento, con la presencia de unos 200.000 soldados. La Unión sufrió 12.000 bajas, y la Confederación, 5.400. Fue un golpe devastador para la confianza de la Unión en la guerra. Cuando Lincoln se enteró del resultado, se dice que afirmó: «Si hay un lugar peor que el infierno, estoy en él».

En este contexto histórico, Lincoln mostró en el caso de los dakotas un grado de humanidad que pocos otros habrían tenido en su situación.

Si se hubiera guiado por cálculos políticos a corto plazo, Lincoln habría tenido todas las razones para permitir que se llevara a cabo la orden del tribunal militar de ejecutar a los 303 hombres dakotas. Lincoln era consciente del atraso y el racismo que existía hacia los nativos estadounidenses, igual que hacia los negros. Pero no hizo concesiones a estas tendencias, ni siquiera dentro de su propio partido. La estrategia más amplia de Lincoln implicó elevar la conciencia de la población. Su objetivo durante la guerra fue mitigar con mucho tacto las poderosas tendencias racistas que habían en ese momento y que constituían un bloqueo objetivo en sus políticas de guerra.

En vista de estos hechos, nos sumamos plenamente a la valoración de Marx, escrita en nombre de la Asociación Internacional de Trabajadores sobre la noticia del asesinato de Lincoln, de que este fue «uno de los pocos hombres que logran convertirse en grandes sin dejar de ser buenos».

Conclusión

Quienes denuncian a Lincoln por la ejecución de los 38 hombres dakotas, ordenada y ejecutada por el tribunal militar de Minnesota, lo hacen sobre la base de absolutos morales abstraídos de la historia y la lucha de clases.

Es la misma forma de mirar el pasado criticada por Engels hace tiempo: «Su concepción de la historia, cuando la tiene, es esencialmente pragmática; divide a los hombres que actúan en la historia en nobles e innobles y luego descubre que, por regla general, los nobles son defraudados y los innobles salen victoriosos».

El ataque moralista a Lincoln es en realidad un ataque a la gran lucha que él lideró: la Guerra Civil, la Segunda Revolución estadounidense. Para los marxistas, el odio de clase instintivo de la pequeña burguesía hacia las revoluciones de la historia no es nada nuevo. Los moralizadores también critican la Guerra Civil inglesa, la Ilustración, la Revolución estadounidense, la Revolución francesa y, sobre todo, la Revolución rusa.

En su ensayo de 1938, titulado «Su moral y la nuestra», León Trotsky argumentó contra aquellos que, bajo la bandera de la moralidad, equipararon la Revolución de Octubre con el estalinismo y vincularon las acciones de Trotsky y Lenin con los crímenes de la burocracia estalinista. Tales argumentos fueron usados para desprestigiar la Revolución rusa de 1917. Trotsky hizo referencia a la Guerra Civil estadounidense y a Lincoln y, al hacerlo, enfatizó que los acontecimientos y las figuras históricas no deben ser juzgados únicamente sobre la base de la moral burguesa:

Dejemos a Emil Ludwig y a sus semejantes la tarea de pintarnos retratos de Abraham Lincoln adornados con alitas de color rosa. La importancia de Lincoln reside en que para alcanzar el gran objetivo histórico asignado por el desarrollo del joven pueblo estadounidense no retrocedió ante las medidas más rigurosas, cuando ellas fueron necesarias. La cuestión ni siquiera reside en saber cuál de los beligerantes sufrió o infligió el mayor número de víctimas. La historia tiene un patrón diferente para medir las crueldades de los sureños y la de los norteños de la guerra de Secesión. ¡Que eunucos despreciables no vengan a sostener que el esclavista que por medio de la violencia o la astucia encadena a un esclavo es el igual, ante la moral, del esclavo que por la astucia o la violencia rompe sus cadenas!

Los acontecimientos de Minnesota tuvieron lugar en el contexto inmediato de la Guerra Civil y la lucha revolucionaria contra la poderosa oligarquía esclavista que gobernaba el sur. Lincoln, como líder de esta lucha revolucionaria, tuvo que subordinar todas las demás cuestiones a la guerra, que estaba sobre el filo de la navaja en el otoño y el invierno de 1862. Es mérito de Lincoln que incluso en este escenario desesperado no cediera a la sed de sangre de los políticos y oficiales militares de Minnesota.

La oposición de los dakotas a la toma de tierras de los colonos de Minnesota fue totalmente legítima. Se enfrentaron al despojo y, como resultado de su derrota, fueron expulsados del estado. Los inmensos crímenes cometidos contra los dakotas y las demás poblaciones nativas de América del Norte, una historia que se remonta a la época colonial, no desaparecerán nunca.

Pero no se puede ver esta tragedia histórica con el lente de la moralización pequeño burguesa. La historia del conflicto entre los estadounidenses y los nativos está ligada al surgimiento del capitalismo. Los pueblos indígenas fueron desposeídos porque su existencia no era compatible con la propiedad privada de la tierra. Cuando ellos se defendieron, se enfrentaron a represalias salvajes una y otra vez.

La historia de la opresión capitalista de los nativos estadounidenses continúa hasta el presente. Tumbar la estatua de Lincoln en Portland no beneficia en nada a los nativos estadounidenses, que son el segmento más empobrecido y oprimido de la población de Estados Unidos. Tienen la esperanza de vida más baja, las tasas más altas de abuso de drogas, violencia doméstica y desempleo en el país, así como una falta general de acceso a la atención médica y las necesidades básicas en las reservas.

Un ajuste de cuentas por los crímenes del pasado solo puede llegar a través de la lucha por el socialismo en una lucha contra el capitalismo y sus muchos apologistas políticos. Esto requiere una defensa inquebrantable de la herencia revolucionaria de Estados Unidos, incluido Abraham Lincoln.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de noviembre de 2020)

 

El autor también recomienda:

La política comunalista racial y el segundo asesinato de Abraham Lincoln
[26 junio 2020]

¡No toquen los monumentos a Washington, Jefferson, Lincoln y Grant!
[23 junio 2020]

Hands off Lincoln and the Emancipation Memorial! Defend the legacy of the Civil War!
[3 julio 2020]

Charles Blow del New York Times exige la eliminación de los monumentos a Washington y otros "monstruos amorales"
[3 julio 2020]