Lo que agradecen los ricos

27 noviembre 2020

Para la mayoría de los estadounidenses, este será el peor Día de Acción de Gracias que puedan recordar. Un cuarto de millón de personas en EE.UU. han muerto por la pandemia. Decenas de millones han perdido sus trabajos, y muchos otros están hambrientos o a punto de ser desalojados de sus hogares. Durante meses, los trabajadores de todo el país han tenido un juego diario de ruleta rusa cada vez que entran en un turno en una fábrica, almacén o tienda.

Pero la vista desde la fila de multimillonarios de Manhattan es mucho más agradable. El martes, el índice bursátil Promedio Industrial del Dow Jones alcanzó un récord de 30.000, un aumento de casi el 70 por ciento desde marzo. Esto, a su vez, ha alimentado la riqueza de los ultrarricos. Un informe reciente del Instituto de Estudios Políticos da una idea de la enorme redistribución ascendente de la riqueza que se ha producido desde el brote de la pandemia:

Diez milmillonarios tienen una riqueza combinada de $433.000 millones y han visto aumentar su riqueza en $127.000 millones desde el comienzo de la pandemia a mediados de marzo, un aumento del 42 por ciento. Estos diez son Jeff Bezos (Amazon), Alice, Rob y Jim Walton (Walmart), Apoorva Mehta (Instacart), John Tyson (Tyson Foods), Stephen Schwarzman (Blackstone), Henry Kravis y George Roberts (KKR), y Steve Feinberg (Cerberus).

John H. Tyson, el multimillonario propietario de Tyson Foods, ha visto aumentar su patrimonio personal en más de $600 millones desde el comienzo de la pandemia, mientras se estima que 11.000 trabajadores de Tyson han sido infectados con COVID-19.

La riqueza del jefe de Amazon, Jeff Bezos, ha aumentado en más de $70 mil millones desde mediados de marzo, mientras que se estima que 20.000 trabajadores de Amazon se han infectado con COVID-19.

A esta lista hay que añadir a Elon Musk, que recientemente eclipsó a Bill Gates para convertirse en el segundo hombre más rico del mundo. Musk ha visto aumentar su riqueza en $112 mil millones --más que el PIB de Kenya-- en un solo año, mientras se ha disparado el precio de las acciones de Tesla y SpaceX.

El 11 de mayo, Musk anunció la reanudación de la producción en la instalación principal de Tesla en California, desafiando la ley estatal, con la complicidad del Gobierno estatal del Partido Demócrata. En el período transcurrido desde que Tesla reabrió la producción, el precio de sus acciones se ha triplicado con creces, convirtiéndose en el mayor fabricante de automóviles por capitalización de mercado. La riqueza de Musk es ahora cinco veces mayor que hace dos años.

El auge de los mercados está impulsado por la vasta intervención sin precedentes de la Reserva Federal, que ha garantizado que no caigan los precios de las acciones, independientemente del estado de la economía real. Los economistas Raphaële Chappe y Mark Blyth señalaron en la última edición de Foreign Affairs que el crecimiento del aumento del valor de las acciones ha beneficiado casi exclusivamente a los súper ricos.

“Según una reciente investigación de Goldman Sachs”, escriben, “el 90 por ciento de los estadounidenses que se encuentran en la parte baja de la posesión de acciones controlan apenas el 12 por ciento del valor de las acciones de los hogares estadounidenses. La economía estadounidense no ha logrado un crecimiento inclusivo durante décadas, ya que los salarios reales de muchos trabajadores han permanecido estancados desde mediados de los años 70”. Continúan:

La propia Reserva Federal determinó el año pasado que la mayoría de los adultos estadounidenses no serían capaces de cubrir un hipotético gasto inesperado de $400, un escenario que para millones de estadounidenses se convirtió en una realidad cuando la pandemia obligó al país a cerrar.

En resumen, Estados Unidos parece haberse tropezado con un régimen de política monetaria que ha desamarrado la situación de las elites económicas, que obtienen la mayor parte de sus ingresos de los activos financieros protegidos por el Estado, respecto a la situación de la gente común, que depende de salarios bajos y precarios. Ese régimen ofrece una protección permanente a los que tienen altos ingresos procedentes de los activos financieros.

En realidad, el capitalismo estadounidense no ha “tropezado” con esta política. Es producto de una campaña de décadas para reducir drásticamente el nivel de vida de la clase trabajadora, mientras enriquece a la oligarquía financiera.

Comenzando con las políticas antiinflacionarias de Reagan/Thatcher/Volcker a principios de los 80, las clases dominantes del mundo lanzaron una campaña sistemática para reducir los salarios y los niveles de vida de los trabajadores. Las políticas “antiinflacionistas”, que originalmente implicaban el aumento de los tipos de interés para crear una recesión fabricada a principios de los años 80, fueron pronto suplantadas por décadas de tipos de interés extremadamente bajos para los bancos y la garantía implícita de que los bancos centrales garantizarían que no habría una caída grave del valor de los activos financieros.

La clase dirigente respondió a la crisis económica y financiera de 2008 con la implementación por varios años, tanto bajo Bush como Obama, de un rescate masivo de varios billones de dólares que impulsó el crecimiento de la bolsa de valores en medio de un desempleo masivo.

En 2020, la clase dirigente aprovechó las condiciones de crisis creadas por la pandemia para ejecutar un rescate dos veces mayor que el de 2008, que se llevó a cabo en cuestión de pocos meses, lo que llevó a los mercados bursátiles a registrar máximos históricos casi de inmediato.

Más allá de los billones de dólares que fueron directamente a Wall Street, incluso los fondos supuestamente destinados a preservar los puestos de trabajo de los trabajadores tomaron la forma de obsequios a las corporaciones. Como Chappe y Blyth señalaron, “Un equipo del MIT concluyó que el PPP [Programa de Protección de Pagos] entregó $500 mil millones en préstamos y sin embargo salvó solo 2,3 millones de puestos de trabajo en aproximadamente seis meses... el costo anualizado del programa llega a aproximadamente $500.000 por puesto de trabajo”.

El rescate fue seguido por la reapertura de los lugares de trabajo en abril y mayo. A finales de julio, se permitió que expiraran los beneficios federales de emergencia por desempleo disponibles para algunos trabajadores. Los congresistas de ambos partidos argumentaron que mantener a los desempleados a flote era un “desincentivo” para que los trabajadores volvieran al trabajo.

En las elecciones de 2020, millones de trabajadores votaron en contra de las políticas de “inmunidad colectiva” de la Administración de Trump y de la subordinación unilateral del bienestar de la población al mercado de valores.

Pero inmediatamente después de las elecciones, Biden declaró que no habrá “ningún cierre nacional” mientras reafirmó el compromiso ilimitado de la Reserva Federal con apuntalar el mercado de valores. “Nuestras tasas de interés son más bajas que en cualquier otro momento de la historia moderna. Y creo que eso es algo positivo”, declaró Biden. La selección de Biden de la expresidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, como su secretaria del Tesoro es una señal para Wall Street de que la lluvia de dinero gratis continuará.

Ni Biden ni los demócratas del Congreso han mostrado ningún interés en restaurar la ayuda de emergencia para los desempleados, incluso cuando los estados cierran restaurantes, bares y gimnasios para evitar que los hospitales colapsen.

El año 2020 ha expuesto a la sociedad estadounidense como una oligarquía, en la que un pequeño grupo de multimillonarios inflige una enorme miseria social a la gran mayoría de la sociedad para su propio enriquecimiento personal. Si cientos de miles de personas necesitan morir para generar más riqueza para los oligarcas, que así sea.

El enriquecimiento sin precedentes de la oligarquía financiera, en medio de la peor crisis desde los años 30, ha desmentido los argumentos utilizados para justificar décadas de reducción de empleos y la destrucción de programas sociales. Si no hay dinero para pagar las prestaciones por desempleo, ¿de dónde demonios sacó la sociedad $112 mil millones para dárselos a Elon Musk?

Estos eventos no han pasado desapercibidos para millones de trabajadores. Incluso antes de la pandemia, el apoyo al socialismo ya estaba en alza en amplios sectores de la población. Se ha vuelto evidente que las necesidades básicas de la sociedad, incluida la preservación de la vida humana, son incompatibles con el dominio de la sociedad en manos de unos pocos miles de multimillonarios.

Estado Unidos se enfrenta a una emergencia. La pandemia está en su apogeo, y millones de personas están hambrientas y sin trabajo. Es necesario tomar medidas urgentes. La contención de la pandemia requiere el cierre inmediato a nivel nacional de la producción no esencial. Esto debe ir acompañado de una compensación total por los salarios perdidos de los trabajadores y los ingresos de los pequeños empresarios.

El dinero para salvar cientos de miles de vidas existe en las rebosantes cuentas bancarias de los oligarcas. Estos fondos deben ser congelados, confiscados y utilizados inmediatamente para detener la pandemia y asegurar que nadie pase hambre o se quede sin hogar como resultado de los cierres. La demanda de estas medidas urgentes es un componente crítico para la lucha por el socialismo y la reorganización de la sociedad para satisfacer las necesidades sociales, no el lucro privado.

(Publicado originalmente en inglés el 25 de noviembre de 2020)

Andre Damon

 

El autor también recomienda:

Wall Street se da un festín con las muertes
[16 abril 2020]

Día de Acción de Gracias en EE.UU.: colas masivas de hambre y desahucios al expirarse los beneficios
[24 noviembre 2020]

Crece el apoyo de los trabajadores a cerrar la producción no esencial, mientras EE.UU. supera las 250.000 muertes
[20 noviembre 2020]